Nunca antes había viajado
en tren, descubrí que a pesar de las enormes nubes de humo, me gustaba.
Pero además éste era un viaje especial, iba a la gran urbe, a Barcelona,
para trabajar como interina a casa de unos señores. El puesto me lo había
conseguido mi hermana mayor, Luisa, que ya hacía 5 años que trabajaba
de interina también, en casa de unos vecinos de los que iban a ser mis futuros
señores.
Mi hermana me había dicho que no habían
faenas pesadas, sólo era un matrimonio joven, con un pequeño de 3
años, una familia burguesa originaria de Olot, parecía buena gente, y se
cobraba bien, con la tarde del jueves libre como era de costumbre.
Con estas esperanzas dejé el
pequeño pueblo de Teruel, donde había crecido y ahora que estaba llegando
a la ciudad, me daba cuenta de cuánto iba a echar en falta mi villa,
Fuentespalda.